Editorial por Luis Ricardo López Alvarez

Niño leyendo en librería

El estado actual:

La literatura infantil ha cobrado especial interés para los lectores guatemaltecos en los últimos años, y  de forma muy superficial puede pensarse que se le está dando el lugar que merece, ¿por qué no? ¿No tiene ya un pabellón en una de las ferias mas importantes del país?

¿No cuentan los nombres de los neo-consagrados con textos de su autoría y hasta se dan talleres de ilustración infantil ocasionalmente?

Aún con a la existencia de propuestas de espacios como lo es la FILIJC o del pabellón de cuenta cuentos y de algunas librerías a espacios infantiles en FILGUA (que ya no hemos podido tener como antes por el cese de actividades presenciales).

Y es que no nos damos cuenta que la literatura infantil está aun lejos conseguir el espacio que merece: donde sea reconocida por su importancia didáctica, el estímulo de la creatividad infantil y un espacio para la creatividad de escritores que puedan aportar a la construcción de valores y la transmisión de la tradición de nuestro país.

Basta con darse cuenta que los espacios que se tienen en la actualidad no cuentan con el apoyo de instituciones privadas o públicas para este objetivo y que ni las mismas universidades nacionales no le dedican un espacio o le toman como objeto de estudio regular en sus investigaciones para profesores de enseñanza media o inicial, ni hablar de los profesionales de las letras.

De tal cuenta vienen a nutrir los estantes de las librerías departamentales y de la capital, libros extranjeros que no necesariamente se adaptan a la realidad, cultura o valores familiares del país; o son textos que de libros infantiles solamente tienen la portada y son discursos anodinos que parecieran más el recurso de “hipnopedia” de Un Mundo Feliz para la gratificación política de los padres y el indoctrinamiento de los más pequeños disfrazado de pensamiento crítico.

El compromiso de los padres de familia

Si los padres no deciden asumir esa responsabilidad de razonar, de criticar ese material o de formar a los niños con valores que permitan vivir en sociedad y preservar la familia que es al fin el nucleo de tradiciones y valores que se tienen, basicamente están dejando que algun escritor foraneo o conglomerado foraneo les diga a sus hijos como deben asumirse a futuro.

De momento hay propuestas que intentan sobrevivir con sus propios músculos, en un medio saturado por las envidias y el deseo de destacar con base al demérito de otros o el ostracismo de algunas editoriales para la publicacion por no ser medios comerciables (de los cuales no han evaluado la posiblidad de mercadearles), o sencillamente porque de literatura nacional lo que en su mayoría se edita es poesía y se lee narrativa.

La propuesta:

Como lectores podemos hacer mucho, más sin duda que los escritores consagrados, podemos apoyar las propuestas que surgen; asistir a las actividades virtuales; en el momento de comprar un libro solicitar textos viejos de literatura infantil, porque aunque no los tengan verán el interés de los textos y los conseguirán.  Promover circulos de lectura virtuales o semi-presenciales de padres de familia en el que no se discriminen los textos en un inicio pero que se depuren antes de darlos a los niños, para ver que estamos dandoles a leer.

Las librerías nacionales pueden dar cabida a más actividades, convocar certámenes y promover la participación de escritores nuevos sin discriminación de edades; puede que la próximo referente de la literatura infantil sea una madre de familia que en sus tiempos libres busque historias para entretener a sus hijos.

Las universidades en sus distintas facultades de letras y pedagogía buscar no solo la formación crítica o investigativa sino tratar de explicar en diferentes congresos que se acompañen de profesionales de la ilustración, edición, mercadeo, psicología y otros que puedan permitirle al estudiante entender el proceso comercial del que es parte la literatura para que el estudiante pueda luego de haberse formado en las aulas, buscar un medio para vivir de ello.

Los gestores culturales podemos dar espacio en actividades virtuales o promover en redes, y aquellos que cuentan con recursos de instituciones públicas o privadas algo que pueda motivar a la producción literaria.

No queda más que esperar que la literatura infantil pueda tener el espacio que merece y felicitar a los proyectos que desde ya se dedican a promoverla; si como escritores, gestores, académicos, críticos o libreros no hacemos nada para dotarla de valor y apreciación para el público lector, algo más de forma interactiva ocupará su espacio y nos quedaremos en buen chapín: como coyotes aullando en la loma.