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Revista cultural y literaria centroamericana

Noticias, reseñas y columnas de opinión

PUBLICACIÓN POR CLAUDIA FIGUEROA OBERLÍN / 11 DE DICIEMBRE 2018 


Columna publicada originalmente en El Faro de Nueva Acrópolis, 2018.

Una tarde de estas, nos reunimos con unos amigos a tomarnos un café; sin querer volteé a ver y había mesas con gente usando sus teléfonos sin mirarse ni hablar, y si se veían, no emitían palabra alguna. Con mis amigos habíamos decidido dejar los teléfonos, para poder conversar de nuestras vidas, uno de ellos nos sorprendió interviniendo con un tema que nos dejó a todos reflexionando, tras observar la imagen de todas las demás personas; nos comentó lo siguiente:

-¿Saben?,  imaginen que estamos en un cine” –todos lo vimos con cara de asombro.

-Ahora, imaginen entrar en una sala de cine en donde los espectadores están sentados en las butacas pero con los pies atados a ellas, -continuó- imagínenlo con todo lo que uno quiere para comer y beber mientras se disfruta de una buena película, pero vemos en aquella sala, que existe una peculiaridad, algo que es distinto a otras salas de cine y es que la pantalla no está enfrente de ellos, sino que está en cada uno de los dispositivos electrónicos que hay en cada butaca: celulares, tabletas, etc. Y de pronto, entre ellos, hay uno que logra mover la cabeza y empieza a ver a para todos lados y observa a la gente que entra, a los que velan las puertas, a los que guían en la oscuridad de los pasillos para encontrar el asiento. Empieza a moverse, a soltarse de las ataduras, aunque estas están tan ajustadas que le cuesta soltarse, y tras muchos intentos lo logra, se para con un poco de dificultad por el tiempo que ha pasado sentado y con los músculos entumecidos, camina por los pasillos hasta que logra llegar a la puerta, abre y al salir, la luz lo ciega, después de un buen tiempo llega a acostumbrarse a la luz, afuera ve otras cosas que los dispositivos no pueden mostrar, maravillas que asombran a todos los que lo pueden tener aquella visión dichosa. Voltea a ver la sala de cine y entra entusiasmado a contar lo que vio, pero no todos le quieren hacer caso. Algunos agitados ahí dentro le dirán: “Silencio, no molestes, no dejas escuchar”; otros, tal vez le harían caso, pero casi todos tratarían de golpearlo porque piensan que quieren quitarles sus aparatos.

-No crees que es muy arriesgado lo que nos cuentas? – le interrumpe otro de nuestros amigos, a lo que el primero, le replica -¿No crees, amigo mío, que es más arriesgado estar enfrente de esos dispositivos, buscando una felicidad efímera que a la larga solo te traerá dolor y amargura?.

-Sí, ya lo creo –le contesta quien realizó la interrupción.

-Entonces, si es así, ¿no crees que sería bueno regresar a la lectura, al juego en el parque o a caminar al aire libre, en lugar de pasar el tiempo metidos en ese cine?

-Sí, así lo creo también.

-Entonces, también estarás de acuerdo a lo que nos invita Platón, a ver la vida con otros ojos y a disfrutar de los divinos ocios, desconectarnos de esos aparatos de vez en cuando, quitarnos esas cadenas y así poder conectarnos con la gente que nos rodea, ¿no es así?.

-Sí, pero en la actualidad todos nos movemos también por medios tecnológicos -intervino así otra amiga-. Medios por los cuales, también nos conectamos y aspiramos a algo mejor.

Para terminar su idea mi amigo terminó diciendo: –Eso está bien, la tecnología es un muy buen instrumento sabiéndola utilizar, pero no necesitas el mejor dispositivo para estar en comunicación y a la moda, tampoco para ser feliz, pero si la puedes usar como apoyo para hacer más eficaz y eficiente tu trabajo o tus estudios, por eso imaginen si todos aquí en este café dejaran de ver sus teléfonos y conversaran o se contaran chistes, sería una tarde inolvidable pues las mejores selfies son aquellas que se toman con los ojos del alma.

Así que empecemos a usar de manera más sabia la tecnología, y veamos más allá de la sala del cine; y nos reiremos de la gran película que vimos aquel día en una mesa, en compañía de grandes amigos y degustando de un buen café.

Platón (427-347 a. C.),​ fue un reconocido filósofo griego seguidor de Sócrates​ y maestro de Aristóteles. Fundador de la Academia.


Escritora Claudia Figueroa