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Revista cultural y literaria centroamericana

Noticias, reseñas y columnas de opinión

/K/RTONES POR REVISTA LA FÁBRI/K/ / 29 DE MARZO 2020 

Mind Games

Juegos de mesa



Me levanté a las diez de la mañana a preparar un poco de café y avena, era uno de esos días nublados de los que te dan ganas de seguir en la cama, Fabio me había dejado una nota: «Voy a visitar a mi prima, ya salió de su operación de vesícula.» Yo me quedé porque estuve de turno la noche anterior y me sentía muy cansada.

Me puse a leer el periódico mientras me tomaba la avena, vi lo mismo de siempre, gobiernos corruptos, accidentes vehiculares por manejar ebrios (suficiente tengo con lo que veo en el hospital cuando estoy de turno), tiré el periódico en la mesa y terminé mi avena con desgano, bebí mi café y me dispuse a cambiarme de ropa.

Nuestra casa era de un nivel y tenía dos cuartos, Fabio y yo solo usamos uno y el otro lo dejamos libre para cuando llegan visitas. Yo estaba parada frente al espejo de nuestro cuarto cuando en eso sentí un impulso de ver por la ventana. Corrí hacia la sala y vi hacia la calle, no había ningún auto, solo unos niños jugando fútbol y un ebrio dormido en la acera. Al ver esa escena moví mi cabeza como extrañada por la sensación y me recosté en el sillón.

Empecé a sentir un fuerte dolor en mi abdomen, justo en el área pélvica. Hice los movimientos para identificar si era mi vesícula o el apéndice, pero no, solo era un dolor muscular. Ya más calmada me senté en el sillón y me puse a jugar sudoku.

***

Llegué a la casa y Kaitlin estaba sentada jugando, la saludé con un beso en la frente y me fui a recostar. “Mi prima se mira bastante bien y su herida está sanando rápido”, le dije a Kaitlin mientras me quitaba los zapatos. Ella no respondió y yo asumí que se había dormido, así que opté hacer lo mismo. 

Sentí un dolor en la frente, como si algo me la estuviese perforando, traté de gritar para despertar a Kaitlin pero no me salía la voz, intenté moverme pero mi cuerpo se sentía rígido, el dolor cada vez era más fuerte, sentí que me desmayaría. Ya sin fuerzas, cerré los ojos y esperé a que algo pasara, que despertara o que Kaitlin llegara a ayudarme.

***

No podía creerlo, ya eran las siete de la noche y yo me había quedado dormida, seguramente Fabio había llegado ya y para no despertarme entró de una vez a la habitación, yo me fui a preparar la cena y, al terminarla, fui a llamar a Fabio para que cenáramos juntos. 

***

A lo lejos escuché que Kaitlin caminaba hacia el cuarto, sin abrir los ojos sonreí y dejé que su voz me relajara. “¡Fabio, la cena está lista!…” No quise abrir los ojos, quería dejar que su voz calmara mi dolor.

***

Enterramos a Fabio en el Cementerio General. Antes de que bajara su féretro, me acerqué a verlo por última vez.  El maquillaje no logró esconder esa herida en la frente que le provocó el material de construcción con el que chocó, hasta en ese momento entendí por qué esa sensación de ver a la ventana…

Él estaba expirando su último aliento.

Fin.

Alan Gabriel Mogollón



Gabriel MogollónCiudad de Guatemala

Alan Gabriel Mogollón Ortiz nació el 6 de abril de 1990 en la ciudad de Guatemala. Se graduó de licenciado en Letras por la Universidad de San Carlos de Guatemala. Colaboró durante 2019 en Ediciones Hispanas. En su tiempo libre escribe poesía, relatos de terror y artículos enfocados hacia obras de terror. Actualmente cursa el tercer año de la carrera Técnico en correspondencia internacional en la Universidad de San Carlos de Guatemala.

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