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Revista cultural y literaria centroamericana

Noticias, reseñas y columnas de opinión

Este artículo fue publicado previamente en la revista digital Gazeta.gt de Guatemala el día 10 de enero de 2018.


Recuerdo que en el tiempo de estudio de carrera de Licenciatura en Letras, la catedrática de Teoría de la Narrativa comenzó como buen profesor sembrando dudas antes que dando respuestas; nos preguntó si el narrador era hombre o mujer; verdaderamente no existía todo ese galimatías de identidad de género que plantea el entendimiento de personas con identidad transgénero o cisgénero.
Y es que en la actualidad el tema de definirse a uno mismo (sin conocerse a uno mismo) se ha vuelto tema candente y constante en el que se opina sin saber mucho. El tema del género desde la perspectiva gramatical lo abordaré en otra columna.
El parecer de la generalidad en aquella clase fue que al pensar en narrador este debía ser hombre por naturaleza, estar dotado de gónadas masculinas y atracción por el género opuesto (en fin varoncito). Aquella catedrática terminó el semestre y nunca dio respuesta del género o la identidad que habría de tener este elemento de la narración.
Hace unos pocos meses en una charla con mi hermana mayor volvíamos a discutir sobre el tema, y ella aludía a que culturalmente concebimos al autor como varón. Yo que particularmente siento predilección por el individualismo metodológico no podía quedarme con esa respuesta; no vale para mí creer que lo que un grupo o la mayoría puede pensar debe ser la respuesta en general.
Así y con apoyo procedí a preguntar a un grupo de amigos cómo entendían ellos como lectores al narrador; obtuve respuestas varias, tanto como a lo que cada uno se dedica, algunos dijeron que se trataba de un hombre, otros lo especificaban más como un hombre anciano o mayor, algunos otros dijeron que se trataba de una mujer, otros de sí mismos, otros que dependía de la obra pues el autor podía especificarlo o no, y los últimos que se trataba de un ser asexuado, que simplemente era una voz y que a como resonara en la mente habría de tenerse la respuesta del género al que pertenecía.
En lo particular, como eterno estudiante de la literatura, coincidí con el último punto, es el narrador un ser asexuado del cual es irrelevante si pertenece o no al género masculino o femenino, si tiene preferencia alguna o si está biológicamente dispuesto para la reproducción; pues esta es una pregunta que carece de sentido. El narrador es un elemento de todo texto narrativo, su personalidad e individualidad está determinada por el autor; si este elemento quedara por razón alguna en el aire no debe de asumirse que se trata de un ser con determinadas características, no hay elementos que lo indiquen.
Lo único que puede indicar el narrador es la perspectiva desde la que se observa el hecho, si esta se ve como un todo-sapiente, como un testigo (en la que sí se determinaría el ser del personaje), como protagonista (donde sí se determinaría el ser del personaje).
Tampoco puede dejarse esto al arbitrio de valores culturales o de la opinión de la mayoría, ya que por principio de falseabilidad con una sola persona que no lo considere con las características de la generalidad hace que su criterio de verdad se pierda.
El narrador es la voz interna que describe la historia, en su mente es el lector mismo que independientemente de sus preferencias, posición política, gustos alimenticios, origen geográfico o condición socioeconómica, disfruta de la lectura como un hecho recreativo; esa voz es una luz que va iluminando la narración que sin el lector se encuentra como un ático en la obscuridad, cargado de muchas cosas pero en el cual es imposible descubrirlas.
No importa si es hombre o mujer, si su identidad corresponde a ser favorecida o desfavorecida con las corrientes políticas actuales, es un recurso estético y necesario que cuando no es testigo o personaje, y al estar desprovisto de realidad corpórea y personalidad o intervención en los hechos narrados, vive fuera de esa necesidad de clasificación como una piedra o un elemento en la tabla periódica; la personificación de este elemento dependerá de nosotros como lectores.